Por desgracia se ha creado una “industria del sexo” (así la denominan) con agentes que recorren los pueblos pobres comprando niñas para trabajar en esa industria. Son vendidas a los prostíbulos de Bangkok y Pattaya donde se encuentran perdidas, pues ni tan siquiera conocen el idioma puesto que se manejan en su dialecto. Las maltratan, llegan a mutilarlas para que no puedan escaparse, y acaban todas con el sida. Se convierten en niñas con secuelas irreparables, con un concepto muy bajo de sí mismas, se consideran sucias.
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